Personal

Soy feminista nivel puta loca. Defensora de la perfectamente imperfecta democracia. Se me pone cachondo el cerebro cuando se me acercan personas para hablarme sobre los derechos humanos, las desigualdades, el antifascismo.


Soy madre, practicando una educación casera basada en la transmisión hacia mi descendiente de un discurso progresista, con fuerte enfásis en el aprendizaje del manejo de la evidencia científica, el empoderamiento fuera del sistema heteropatriarcal y la defensa de las tres grandes libertades: la libertad de decir , la libertad de decir no y la libertad de decir no lo sé.


Después  de un matrimonio con final infeliz, tardé en recuperarme, y me costó esfuerzo muy personal volver a triunfar como persona. Viví, como muchas otras, aprisionada en un bastión mental gracias al mágnifico trabajo del heteroinstitucionalismo, bajo reglas que acepté buena y pacientemente como gran verdades. Una vez arrebatado el velo misógino de la mirada, no hay marcha atrás.


Me gusta el sexo. Me gusta hacerlo, y me gusta estudiarlo. Me gusta comprenderlo y me gusta cundir en excesos ocasionales cuyo único fín es vivir bien antes de morir. Escribo sobre lo que hago en el sexo y con mi sexo básicamente para no perder para siempre detalles y momentos que acabarán a medio plazo en lugares remotos e inaccesibles de la memoria.


Escribo públicamente sobre algunas aventuras de mi propia intimidad para que otras puedan comprobar que las restricciones socionormativas a las que se halla sometida la sexualidad de las mujeres son barreras de cristal. Barreras que resplandecen la vista, pero fáciles de romper. Que sepan las chicas que es muy normal sonrojarse caminando de la mano de la persona que les gusta por las aceras, y que es muy normal excitarse mientras la misma persona les besa delante del gentío por las plazas, y que una vez las luces apagadas es de lo más normal descubrir otros placeres espléndidos, dando paseos por las camas.