La eclosión de la mirada

El mundo se está agotando. La verosimilitud de la extinción da sentido a lo que nos queda de vida. Desafortunadamente, el día del juicio final no llegará consecuencia de una explosión de punk show armamentístico. La realidad mundial es el horror de la muerte lenta, que no tiene prisa pero tampoco pausa. El caos cósmico nos está alcanzando, pues nadie le gana la partida a la entropía. La ciencia ha revelado la farsa del discurso antropocentrista en torno a la vida y qué somos nosotros los que vamos sobre una roca girando alrededor del Sol. La capacidad de procesamiento de lo que recibimos a través de la información sensorial está sobrecargada y le tenemos pánico al pensamiento, cualquier pensamiento.

No tardaré en trasladaros, letra a letra, a los lugares de mi bienestar sexual haciendo uso de la libertad de expresión. Pero tenía el poder de haceros sentir decepcionados con la utopía que nos vendieron los antepasados sobre un futuro mejor. Tampoco hay que derrumbarse y pillar una depresión, pues una vez nacido el ser humano lo de morirse es ineludible en cualquier biografía. Pero claro, hay formas más brillantes de ofrendar un legado a los que heredan nuestro código genético. Yo tengo la mala suerte de que ante la tragedia me da por reír, y no porque no me la tome en serio sino por hipertomármelo demasiado a pecho. El cerebro me obliga a reír y fabricar endorfinas para que no se me vaya la olla muy hardcore.

La fuerza de la naturaleza es tan poderosa y enigmática que tiene la capacidad de aniquilar mundos, en un sentido muy literal de la aniquilación planetaria. Nuestro comportamiento actual colectivo exhibe deseos violentos de ser borrados del mapamundi por fuerzas naturales superiores al conjunto de todos los guerreros habidos y por haber en toda la historia del homo sapiens. Y sin embargo, ahí está ella, la esperanza y sus expectativas vitales. Tener conciencia de nuestra propia destrucción masiva a la vez que no podemos librarnos de la deriva positivista a la que nos empuja por defecto nuestro espíritu instintivo de supervivencia, esa sí que es una putada existencial.


Pienso, en las poquísimas ocasiones que me da por usar mi capacidad neuronal para esos usos, que si no llevas un estilo de vida dónde la sexualidad sea monógama, no importa lo alto que pongas el listón en cuanto al amor propio para compartirte con los demás, tarde o temprano acabarás echándote polvos con seres que son los descartes de otras. Y no lo veo como una estructura piramidal de reciclaje sexual sino más bien como una rueda que gira y gira y en la que todas estamos atrapadas hasta el infinito y más allá. Muy importante puntualizar que tal cosa a mí no me supone ningún problema de elevado cuestionamiento existencial posmoderno. Pero me divierte contemplar en la mente estas posibilidades.

Su tono de voz pidiéndome que me quedara desnuda estaba cargada de intenciones picantes. Se abrió camino dentro de mi cuerpo usando un dedo. La llegada de la parte alargada en la que termina la mano me imposibilitó sentarme cómodamente pero por placer una hace sacrificios. Estaba dispuesta a acoger entre mis piernas algo más de su cuerpo que el índice y el medio. Tuve que ponerle freno a su intención de provocar un overbooking digital en el conducto fibromuscular, cerrando piernas y verbalizando el No. Él, buen chico, no presentó contrataque ante mi petición y seguimos por la vía del pecado carnal.

Las altas temperaturas veraniegas afectan mi estado hormonal, colocando las necesidades fisiológicas sexuales en la pole position como pasatiempo favorito en los ratos de ocio. Y no está la cosa para hacerse la quisquillosa esperando hasta el fín de los tiempos al mejor posicionado según los criterios quiméricos que todas tenemos y usamos como excusa para justificar los desamores. Basta con encontrar una cara bonita que no diga gilipolleces varias sin parar. Al menos en temporada de alta necesidad.

Que si prefiero meterme en la boca los dedos mojados, mientras me los ofrece apuntando directo a los labios. Inocente ante la tentación, hice lo que me pedía el corazón, guiñar el ojito y desliar los labios sobre los dedos. No tenía clara ninguna de mis prioridades a corto plazo, haciendo que el proyecto sexoafectivo cobrase forma y estructura sobre la marcha, improvisando con el hombre no ideal que tenía delante, y cuyo poder en erección cada vez apuntaba más hacia el techo.

Tras ocuparme de sus dos dedos, parecía que la realidad pasaba por pasarme doblando las rodillas encontrándome cara a cara con su polla lista para pasar reconocimiento oral. Pues no, la mamada como entrante se tendría que hacer esperar, pues mi amante temporal se declaró dispuesto a ubicarse él mismo de rodillas, colocándome una pierna sobre el hombro, firmando el pacto del gozo mutuo con un beso tímido entre mis piernas. Sin haber presumido de nada en la previa, descubrí en directo que tenía buen juego de punta de lengua que me hizo enrojecer toda por culpa del calor dermo-epidérmico.

Y con la tontería, y el dale que te lamo y el sigue sigue no pares, pues que una no es de piedra y el inminente orgasmo explotó en mis entrañas mientras él decía no sé qué desde ahí abajo. Como si de repente alguien abriese las puertas dónde el cerebro guarda todos los neurotransmisores que te provocan un desequilibrio emocional y qué el mundo entero está dominado por unicornios rosa y no te planteas ni te cuestionas la divinidad de tu santísimo coño y tu corazón apunta a elevados niveles de paz y amor, hasta que de repente todo vuelve a regresar poco a poco a la normalidad y sientes de nuevo ese asco indefinido por respirar, así sin más. Y te marchas al baño amenazando con regresar very pronto.


Mi pasión es dedicarme al sexo de amplio espectro. Conocer un gran número de personajes, dando por hecho que algunos acabarán introduciéndose dentro de mí pero la mayoría no lo hará. Aunque no os lo parezca, para algo tan básico como follar sin ponerse apodos cariñosos es increíblemente complicado ponerse de acuerdo. Por supuesto, la autora tiene sentido común y amor propio, al menos un poco de cada, he ahí la razón de la complicación dichosa.

Admiro a los hombres con capacidad para mantener su presencia en la sombra de sus mujeres. Que a pesar del anillo, la hipoteca y el préstamo para la universidad de los retoños, sepan ofrecer el protagonismo a otra mano, ajena, alargada sobre las nalgas de la querida. A veces es una mano amiga, ofendiendo y ruborizando a la vez. Los peores son los que no le temen al escándalo, maestros de la seducción vanidosa. De mirada abrasadora, como un hereje sin arrepentir muerto en la hoguera.

También siento debilidad entre las piernas por esas variantes masculinas capaces de idolatrarme de Lunes a Domingo como a una princesa destronada, todo ello sin esperar ningún hijo mío a cambio. Os recomiendo a todas que os dejéis acompañar, al menos una vez en la vida, por un hombre que os ofrece su boca indefensa durante horas. Si dicho sujeto tiene o no esposa en casa es un mal menor que no entra en conflicto con mis prejuicios sexuales.


Permanecer de piernas abierta con un hombre encima, para mí son buenos tiempos. El residual ruido a pieles húmedas chocando rítmicamente es un placer clásico para los oídos. El bullicio entre muslo y muslo lo encuentro particularmente erótico. Y sí, cuesta encontrar personas de género opuesto que se te pongan encima y te machaquen como Aquiles a los troyanos.

Hay polvos tan dulces como un trozo de pastel. Estaba yo con la respiración muy acelerada, escasa capacidad de concentración más allá del sexo, las pequeñas tetas en declieve por los costados debido a las fuerzas físicas ejercidas sobre el cuerpo en cada sacudida, resistiéndome a llegar tan pronto y tan fácil al orgasmo. Os sonará raro, pero por muy satisfactoria que sea la explosión del deseado final feliz como destino, mi gran gozo es el camino. Encuentro especial deleite en estar en las últimas, en la antesala, evitando lo máximo que pueda desaparecer por el agujero de conejo de lo que supone correrme.

La irrupción de sus jadeos a escasa distancia de mi oreja no me lo ponía nada fácil esto de hacerme la reprimida orgásmica. Tampoco que tomara mi pecho, uno de ellos, a préstamo en su mano. Prolífico en las técnicas de exploración mamaria en contexto sexoafectivo, me condenaba cada vez más a la senda del no retorno del éxtasis de la irrelevante carne pero esencial espíritu.

Me sentía yo esplendorosa, sudando la frente, la espalda, el cuello y más trozos de cuerpo emplazada debajo de su masa corporal, ganándome empujones fálicos por ser guapa, aguantándome todavía las ganas de mezclar neurotransmisores del bienestar en el sistema nervioso central. ¡Que se joda la glándula hipófisis, que se aguante el hipotálamo!


Me quedé mirándolo detenidamente. Después del buen rato de marcha coital, mis ojos recorrían su cuerpo sudoroso brillando bajo la luz. Su anatomía, y en general la anatomía de un hombre cualquiera ya no me supone ninguna novedad, sin embargo estudiar el cuerpo de tu amante en la tranquilidad after sex tiene un efecto cultural en la mente, sientes una conexión empática con aquellos pintores retratistas y sus musas.

Aunque detesto la masculinidad tóxica, en los momentos de relajación trás una sesión de fornicio encuentro un pelín atractiva la soberbia de macho alfa en los gestos del otro. Por mucho que haya deconstruido todo mi sistema de creencias de arriba abajo y viceversa, a pesar de llevar años cuestionándome todo lo relativo a los hombres, al patriarcado, al heteropatriarcado y otros conceptos sociopolíticos de vital importancia, gracias a la mitología a la que durante tantos años he sido sometida como mujer sobre los referentes masculinos todavía me quedan remilgos de damisela en apuros.

Hablo por mí misma pero es probable que lo que vaya a escribir a continuación sea extrapolable a otras mujeres: los hombres que tienden a hacer alarde de una exagerada masculinidad, en el sentido neoclásico de macho con exceso de testosterona, lo tienen crudo aspirando a colarse entre mis piernas. Las señoras de cierta edad los prefieren más dramáticos y menos perros. Yo soy una señora de cierta edad.

No me gustan los estereotipos, me caen mal, como los que pagan por ver el fútbol en Sant Llorenç/Orriols (referencia muy València City). Pero todos los capullos tienen en común la masculinidad tóxica, la animadversión hacia las mujeres que ganan un salario digno que supera númericamente el suyo propio, ridiculizar a los colectivos minoritarios, la repugnancia hacia lo delicado. Las jaurías de machos deshonestos me parecen repugnante escoria.


Cuando el sexo está rico carece de importancia el reparto de los vacíados orgásmicos, no existe enfrentamiento por la igualdad númerica del éxtasis. Correrse bien es un derecho humano básico. Impulsar la educación sexoafectiva para facilitar a largo plazo el acceso a buenos y merecidos orgasmos debe de ser un algo incuestionable.

El radio de sus pupilas fue ampliándose a medida que se intensificaban los cambios bruscos en su modus respiratorio, alertándome de la proximidad de su concesión culminatoria del placer sexual. Yo, exquisita en las perversiones, no estaba por la labor de rechazar el ofrecimiento de sus recursos minerales. Que te salpiquen la boca con líquido a temperatura de incendio es romántico. Una acumulación prolongada de la tensión en el epidídimo te hace afrontar oportunidades calientes.

Como final del final feliz, desplegué una sonrisa. La desescalada en los procesos fisiológicos una vez alcanzado el clímax colocan a todo ser vivo en un lugar y momento de vulnerabilidad. La crítica, mejor para después, una vez lavados el cuerpo y la cara. Identificadas las virtudes, no lamenten las debilidades.

Horas más tarde, sin mentir y sin detallar una versión falsa de los hechos, se lo estaba confesando todo a mi pareja. Una historia compleja.

2 comentarios sobre “La eclosión de la mirada

  1. El el primer texto que leo de tu blog. Me ha parecido éxtasis.

    El análisis sobre la masculinidad, el sexo al natural (como el atún claro calvo), la sensación de entender lo que expresas desde una consciencia única …

    Seguiré nadando entre tus páginas, a ver qué más sorprendentes cosas me encuentro.

    Le gusta a 1 persona

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