Frikifantasía

Estoy harta de levantarme de buena mañana y desayunar con titulares sobre abusos sexuales. Estoy harta de las lágrimas derramadas por empatía y sororidad porque no paran de violarnos y de matarnos. Estoy harta de mujeres que se convierten en famosas por ser cadáveres. Estoy harta de tantos hombres monstruos.

Estoy psicológicamente agotada de tanta maldad. Y me asquea ver como la prensa hace espectáculo y caja con cada víctima televisable del mayor crímen contra la humanidad, contra la mitad de ella. Me da pánico y pavor escuchar a políticos aprovechándose de la violencia sexual y machista para hacer marketing ideológico. Estoy cansada de aquellos hombres que por no pegarnos ni tampoco violarnos se creen santos y libres del pecado del (micro)machismo.

Lobos solitarios o en manada, el fín es el mismo. Famosos o ciudadanos de a pie, abusando de nosotras desde la tierna infancia hasta el más no poder. Imbéciles de ambos géneros siempre buscando legitimar el dolor. Víctimas expuestas a juicios paralelos continuamente, desde las redes sociales hasta en los comedores de cualquier familia con una televisión encendida. MUJERES convertidas en activistas en favor de violadores y machistas. Programas de televisión sin ética, sin escrúpulos, sin moral. Nada de esto está bien, nada de esto debería existir, nada de esto debería ocurrir.

No queremos ni podemos ni debemos ser valientes por salir a comprar el pan a última hora, ni por salir a correr al monte, ni por trasnochar en minifalda, por andar deprisa cuando nos gritan groserías. Esto no es nuevo, el miedo. Las mujeres llevamos educándonos en el miedo al hombre generaciones, siglos, milenios. Lo hemos interiorizado tanto que hasta lo hemos normalizado, le hemos buscado justificaciones absurdas, para poder tirar para adelante. La cuerda ya no puede tensarse más, porque ya no queda cuerda.

Nadie debe tolerar que debamos educar a nuestras hijas en el miedo, en el miedo al hombre, a cualquier hombre. No puede ser que la lección más importante para una niña sea no provocar, no mirar, no decir, no hacer, no existir. Decirles a nuestras hijas y primas y sobrinas y hermanas adolescentes que salir de fiesta y volver a casa vivas e ilesas es cuestion de fe y no de sentido común. No puede ser normal que tengamos que normalizar aconsejar a todas las chicas del mundo que deban elegir entre ser violadas o ser asesinadas porque él estaba bebido y drogado.

Ya no vale pedir perdón. Porque no se puede perdonar lo imperdonable. La responsabilidad es común, de todos y de todas. Pero del mismo modo que la DGT no puede conducir por ti, nosotras las mujeres no podemos no violar ni tampoco no matar por vosotros. También os toca a vosotros, los hombres, tomar el relevo en la lucha. Tenéis que volver a educaros entre vosotros. Trazar los límites; no se puede hacer de nuestros cuerpos una meta para competir, debéis dejar de cosificarnos, estáis obligados a resetear el chip.

Cada mujer a la que un hombre le ha pegado una paliza, cada mujer que un hombre puso de rodillas en contra de su voluntad, a cada mujer que un hombre le rajó la yugular, todas ellas éran hijas, madres, abuelas, tías, hermanas, primas, novias, amigas, follamigas, compañeras, colegas, amantes de alguien. Y si hoy no hacéis nada por parar el feminicidio, puede que mañana una de esas hijas, madres, abuelas, tías, hermanas, primas, novias, amigas, follamigas, compañeras, colegas, amantes sea la vuestra. Y no os hará ni puta gracia.

Decidisteis como deberíamos vestir, y aceptamos. Decidisteis cuanto deberíamos pesar, y nos sometimos. Decidisteis como deberíamos hablar y comportarnos, y acatamos. Decidisteis que deberíamos de trabajar más y cobrar menos, y consentimos. Decidisteis como deberíamos follar, y lo aprobamos. Decidisteis hasta que precio puede tener nuestro cuerpo, y lo permitimos. Aún así, nos seguís violando y matando. ¿Por qué?

A todos los hombres del mundo, os reto a que por un día no nos silbéis, no nos déis vuestra opinión sobre nuestro físico o nuestro look o nuestra expresión facial. Que no nos mandéis mensajes privados a través de las redes sociales si no nos conocemos, que no nos mandéis vuestra fotopolla si no os lo hemos pedido o cuánto menos, consentido. Que no intentéis ligar con nosotras, que no intentéis echar un polvo con nosotras, que no os esperéis a dejarnos pasar primeras cuando abrís la puerta. Que por un día nos dejéis ser libres. Y si tenéis pareja o familia, podéis echar la tarde limpiando, o cocinando, o fregando, poniendo una lavadora, bañanado a los niños, sacando a pasear al perro. Sin esperar a cambio una medalla ni una mamada.

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4 comentarios en “Frikifantasía

  1. Entiendo y comparto todo lo que dices. Respecto al último párrafo…eso ya lo hago. Todo. Solo me gustaría que cuando se generaliza, se caiga en la cuenta de que suele cometer un error. Comprensible, pero error al fin y al cabo.

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